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Nueva perspectiva de las aguas residuales: la clave de la sostenibilidad hídrica

Las presiones al agua dulce del país debidas a la actividad humana, la distribución demográfica de la población, el crecimiento económico y las deficiencias en la gobernanza del agua, son algunas de las causas para que se continúe presentando este fenómeno, fenómeno que al parecer puede agudizarse en el futuro cercano.

Según cifras del DANE y el estudio nacional del agua del 2014 (ENA 2014), se prevé un crecimiento económico para el año 2020 del 4,5% y un aumento poblacional para 2030 de 53 millones de habitantes, lo que se traduce en mayor demanda del recurso hídrico ¿Está Colombia preparada para hacer un abastecimiento sostenible de todas las futuras necesidades del recurso, teniendo en cuenta los impactos del cambio climático en la configuración del agua en el país?

Un escenario alternativo – hasta ahora despreciado – que puede dar respuesta a este reto lo constituyen las aguas residuales. Las aguas residuales son una valiosa matriz que no ha sido valorada de manera apropiada, la cantidad que se genera es equiparable a los casi 36.000 millones de metros cúbicos de agua consumida en diferentes actividades al año  y su potencial es altísimo: contiene materia orgánica y nutrientes susceptible de ser usada en actividades agrícolas, representa un potencial energético para la generación de biomasa y energía y el agua adecuadamente tratada para su fin, se puede retornar de manera segura a su ciclo natural.

La gestión adecuada de las aguas residuales que se generan, conversa directamente con el nivel de formación en conciencia ambiental.

Para empezar, es necesario repensar la manera en la que se concibe el agua residual hoy por hoy y visualizarla como una oportunidad que permite agregar valor al ciclo de vida de los procesos en los que como especie participamos. Esa nueva mirada debe contemplar el aprovechamiento máximo del recurso explotando todas las potencialidades que ofrece bajo un modelo basado en la economía circular.

Como primer paso a la acción, se debe tener un sistema de gestión inteligente del recurso que contemple como mínimo las siguientes actividades:

  • Revisión y mejoramiento de las prácticas humanas en todo el amplio espectro en donde se ven involucradas.
  • Minimización desde la fuente de la cantidad de agua y la carga contaminante que obligue a replantear el cómo de las cosas.
  • Tratamiento adecuado de las aguas residuales.
  • Aprovechamiento y explotación de las oportunidades que las mismas ofrecen.

Para trascender el discurso filosófico y tomar acciones encaminadas a la garantía del agua, es necesario la creación de un ecosistema sostenible en donde se creen soluciones que sean pertinentes a nuestro contexto nacional, a nuestra realidad como país.